El pescado no solo se diferencia por su sabor o aspecto. Su clasificación depende principalmente del contenido de grasa, que influye en sus propiedades nutricionales y culinarias. Según expertos consultados por El País, los pescados blancos contienen menos del 3 % de grasa, los semigrasos entre el 2 % y el 5 %, y los azules superan el 5 %. Por su parte, el pescado de roca no responde a un criterio nutricional, sino a las especies que habitan fondos rocosos y arrecifes.
Entre los pescados blancos destacan la merluza, el lenguado o el rape, mientras que sardina, caballa, bonito y atún forman parte del grupo de los azules. Los semigrasos incluyen especies como la lubina, la dorada, el besugo o el salmonete.
Además de conocer sus diferencias, identificar un pescado fresco es esencial. Los especialistas recomiendan fijarse en una piel brillante, ojos salientes y transparentes, agallas de color rojo intenso y una carne firme y elástica. Con el paso de los días, los ojos pierden brillo, las agallas se oscurecen y la textura se vuelve más blanda.
Los expertos también recuerdan la importancia de respetar la estacionalidad de cada especie para disfrutar de un mejor sabor y contribuir a un consumo más sostenible.